El Centro opina

Un soplo del Espíritu que nos empuja hacia la zona de frontera…

Marzo 14

Por Amílcar Ulloa,
Casa Bíblica Laureles

 

El encuentro interreligioso efectuado el 23 de febrero pasado en el Centro de Fe y Culturas fue un soplo del Espíritu. Este día, Elene, la mujer sirofenicia, nos invitó a salir de nuestros pequeños círculos comunitarios de fe para ubicarnos en zona de frontera, poniéndonos en los zapatos de otros y otras. Es desde esta zona abierta y en la cual las fronteras se desdibujan, desde donde ella nos invita a forjar este espacio ecuménico que está en construcción y que por ahora hemos llamado encuentro interreligioso.

La respuesta de la gente que asistió al encuentro fue un verdadero Pentecostés. Primero, por parte de quienes se animaron a salir de sus círculos para ubicarse en la zona de frontera: varios hermanos de comunidades evangélicas, dos hermanos musulmanes que bajo el susurro de una melodía musulmana compartieron su propio relato de la anunciación del ángel a María; un hermano católico que desea aprender de la experiencia de Dios de otras religiones; una hermana del Centro de Fe y Culturas entusiasmada con la idea de compartir desde distintas espiritualidades; un hermano que se confiesa abiertamente homoafectivo; un laico católico campesino que con una planta en sus manos nos dice que la madre tierra es el gran sujeto viviente y que no puede estar por fuera de nuestras espiritualidades; un hermano que se confiesa apóstata de la iglesia católica pero deseoso de seguir alimentando su espiritualidad; un hermano evangélico afrodescendiente y un sacerdote católico, deseosos también de ser parte de esta zona de frontera.

A todas estas personas ubicadas en zona de frontera “… les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (Hechos 2,11), tal como ocurrió en el Pentecostés de la primitiva comunidad cristiana reunida en un aposento alto. Según dicho relato el hecho de que muchas personas procedentes de distintos países, lenguas y culturas comprendieran las maravillas de Dios fue obra del Espíritu. Y este mismo Espíritu fue el que se manifestó en nuestro encuentro del 23 de febrero. Constatamos que este sueño no es una idea de pocos, sino que es el deseo de muchas personas.

Pero también pudimos vivir este Pentecostés en segundo término, durante el fecundo trabajo de los grupos. En estos pequeños espacios hubo mucha espontaneidad y una interacción fluida. Frente a la pregunta ¿cómo podemos trabajar por la paz y la reconciliación?, se insistió en hacerlo desde la vida cotidiana y desde los entornos familiares, reflejando la paz que hay en nuestros corazones, acogiendo a quienes piensan y viven de manera diferente. Nos da esperanza Jesús, en quien nos podemos encontrar, dijo una hermana evangélica. Y ante el interrogante ¿qué nos produce esperanza?, se dijo que, en medio de tanta noticia adversa a la paz, la experiencia vivida en este encuentro nos produce esperanza; pues siendo cerca de sesenta personas tan diferentes, de distintas tradiciones religiosas, no nos hemos gritado ni faltado al respeto. La paz se construye desde acciones pequeñitas, insistió alguien. Lo que hace falta es humanizarnos y construir entre todos, con los otros, con los diferentes, dijo otra voz. En otro de los grupos se expresó que en este encuentro todos nos mostramos preocupados por construir un mundo mejor, en el que seamos una familia.

También en los grupos fue evidente que “… oímos hablar de las maravillas de Dios.” Como grupo de la Casa Bíblica Laureles constatamos que las maravillas de Dios vividas en este encuentro tienen que ver con dos aspectos. Primero, con la disposición a ponernos en zona de frontera. Y el segundo con la aceptación del asunto de la paz y la reconciliación como razón de ser y misión de este espacio.   

Finalmente, también fue evidente el soplo del Espíritu a través de la respuesta favorable de representantes de varias comunidades a la invitación que se hizo para hacer parte del equipo animador de este proceso. La presencia de Gregorio, de José Fabio, de Mesquita As-Salam de Guillermo, de Augusto, de la hermana Clara, enriquece la labor de este equipo. 

El soplo del Espíritu del 23 de febrero nos plantea una serie de desafíos inéditos. ¿Seremos coherentes con la demanda de la zona de frontera de romper barreras, superar prejuicios, con miras a crear un lugar de negociación ahí donde muchos grupos de excluidos por razones étnicas, religiosas, económicas, sexuales y de género tienen que sobrevivir? ¿Estaremos dispuestos a des-aprender como lo hicieron Jesús y la sirofenicia para humanizarnos en reciprocidad, dejando de lado celos y egos que dificultan una comunión más auténtica? ¿Seremos capaces de hacer de este espacio de frontera una zona de paz y de verdaderos espíritus reconciliados a fin de que nuestra misión abierta al mundo sea respaldada por un testimonio de transformación profunda?        

Que el Espíritu de vida siga encaminando con su bendición nuestros pasos…

 

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