El Centro opina

Una invitación a quienes aspiran a ocupar cargos públicos en Medellín y Antioquia

Septiembre 17

El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son formas excelentes de la caridad, que no solo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a las macro-relaciones, como la relaciones sociales, económicas y políticas”
(Benedicto XVI, Caritas in Veritate, No. 231)

Por Centro de Fe y Culturas

 

Retomando estas sabias palabras del Papa Benedicto XVI y reconociendo el inmenso valor que representa la política cuando se hace pensando en el bien común, desde el Centro de Fe y Culturas de Medellín, nos parece importante invitar a candidatos y candidatas a ocupar los cargos públicos de elección, a incorporar en su reflexión cotidiana algunos valores centrales que guíen, tanto su actuación personal, como los programas y políticas que implementen, una vez estén en el ejercicio del gobierno:

1. La centralidad en la dignidad de las personas:

En los marcos constitucional y legal, nacional e internacional que nos rigen, en las distintas versiones del humanismo y en la visión cristiana del mundo, es claro que el objetivo y sentido último de las acciones públicas y privadas y del Estado mismo son las personas. La búsqueda de la realización del mayor bienestar para la mayor cantidad de personas posible, es lo que se corresponde con la convicción de que cada persona es un sujeto de derechos con una dignidad inalienable y que, desde este ángulo, todos somos iguales.

2. La transparencia, responsabilidad y cuidado en el manejo de los bienes públicos:

Una de las principales responsabilidades de la ciudadanía tiene que ver con el manejo respetuoso y cuidadoso de los bienes de la comunidad. Un gobierno que actúe en consecuencia y que acompañe su acción con una amplia labor de divulgación sobre el valor de lo colectivo resulta claramente recomendable. En este punto son claves fundamentales:

3. El respeto por la opinión crítica, la diversidad y el pluralismo:

Es urgente en la actualidad recuperar la calidad del debate público. Colombia no es la excepción. Si el mandatario es el primero en respetar y valorar la crítica; si acompaña el debate franco y argumentativo y crea los espacios para la deliberación, estará contribuyendo a crear un ambiente formativo que finalmente favorece a todos y a sí mismo, en la medida en que, en el mundo contemporáneo, la legitimidad de las actuaciones proviene del ajuste a la ley, pero también del conocimiento que la ciudadanía tenga del sentido y los contenidos de esas acciones.

4. Incorporar el cuidado de la Casa Común como criterio ético central de las decisiones:

Invitamos a sumarse al llamado hecho por el Papa Francisco respecto al cuidado del medio natural: “El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural y «tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexión en un sistema ordenado». (Laudato Si, No. 5)

En todos estos campos todos los agentes educativos de la sociedad tenemos enormes responsabilidades. Pero de una manera particular, la tienen los gobernantes y quienes aspiran al gobierno de la ciudad y la región. Una sociedad más ética es una necesidad perentoria en un mundo que, de lo contrario, perece en la desesperanza, el individualismo egoísta y el despilfarro.

5. Desnaturalizar la violencia:

Por numerosas razones, en el alma de la sociedad terminó introyectándose una mirada complaciente, justificadora y muchas veces cómplice con la utilización de la violencia para conseguir propósitos o defender los intereses de las personas. En esto hay varios campos críticos en los cuales hemos llegado a tocar fondos que nunca debimos permitir:

Todas estas son formas de violencia que debemos erradicar como sociedad, en primer lugar, desde los individuos mismos, convenciéndose cada quien de que la agresión no es natural y que dejarla por fuera de las opciones a utilizar es lo más conveniente para todos, al mismo tiempo que aprendemos a condenar los actos violentos independiente de sus ejecutores.

Mejor gobierno requiere mejores gobernantes. Y esto sólo se consigue si las personas a cargo incorporan la costumbre de la revisión cotidiana de su dimensión ético-moral. Por eso desde nuestro lugar, le invitamos con respeto a acoger estos cinco principios como guías para su vida y su acción pública y privada.

 

 

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