El Centro opina

Educación y convivencia

Mayo 15

Por

Horacio Arango Arango, S.J., fundador del Centro de Fe y Culturas (1946-2016)

*Artículo tomado del libro "Razones para la esperanza", textos sobre la sociedad, la paz, la educaión y la espiritualidad (de 1998 a 2016)

Introducción

Todavía me debato conmigo mismo ante la sorpresa que me produjo la solicitud de la Hna. Margarita, a través del P. Julio Jiménez, S.J., para que les dirigiera estas palabras. Les confieso que no ha sido este mi ambiente habitual y una asamblea de esta categoría me infunde demasiado respeto. Quisiera, sin embargo, que estas razones no me impidieran comunicarles el mensaje de esperanza que desearía trasmitirles. Saben muy bien que no soy el experto que ustedes merecerían escuchar y que solo un amor muy grande por este país y una enorme valoración por la vocación educadora que ustedes encarnan, son las razones que me han traído hasta aquí.

Antes de iniciar esta intervención quisiera que resonaran en este auditorio algunos pensamientos del magisterio de Su Santidad Juan Pablo II sobre la paz. Creo que pueden iluminar muy bien los retos que nosotros como educadores creyentes queremos asumir para responder con calidad y pertinencia a las urgencias y las necesidades de nuestro tiempo. Dice el Papa:

Esta es la convicción que, con vistas a la Jornada mundial de la paz, deseo compartir con vosotros: cuando la promoción de la dignidad de la persona es  el principio conductor que nos inspira; cuando la búsqueda del bien común     es el compromiso predominante, entonces es cuando se ponen fundamentos sólidos y duraderos a la edificación de la paz. Por el contrario, si se ignoran     o desprecian los derechos humanos, o la búsqueda de intereses particulares prevalece injustamente sobre el bien común, se siembran inevitablemente los gérmenes de la inestabilidad, la rebelión y la violencia.

En particular, os animo a vosotros, profesores, comprometidos en todos los niveles de la instrucción y educación de las nuevas generaciones: formadlas en los valores morales y civiles, infundiendo en ellas un destacado sentido de los derechos y deberes, a partir del ámbito mismo de la comunidad escolar. Educar a la justicia para educar a la paz: esta es una de vuestras tareas primarias.

Con estos pensamientos de Su Santidad Juan Pablo II como telón de fondo, inicio, pues, mi aporte en este encuentro de educadores católicos. Continuar leyendo en página 166.

*Intervención en el congreso Educación católica y formación ciudadana, orga- nizado por CONACED. Medellín, 20 de agosto de 2003.

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