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Votar en conciencia

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Por Francisco de Roux, S.J.
Artículo publicado en el periódico El Tiempo el 30 de julio de 2015.
Votar con la máxima responsabilidad, en la actitud de poner la propia persona en la causa que es más grande que nosotros mismos: Colombia.
Esta columna invita a votar para gobernaciones y alcaldes. A votar en conciencia. Como ciudadanos autónomos, que toman una decisión responsable después de consultar y analizar, y no como miembros de partidos o de grupos subordinados a caciques regionales. Hacerlo así es crucial hoy, cuando el debate sobre la paz ha mostrado la urgencia de transformaciones estructurales, que requieren de mujeres y hombres de altas cualidades éticas y administrativas.

Entre los candidatos inscritos hay personas valiosas, que llenan esas condiciones por lo que ellas y ellos son, no por los partidos políticos a los que están afiliadas. Las directivas de los partidos avalan también a gente decente.

Con todo, lo que los partidos hacen en las elecciones, bajo la conducción de sus directivas, es actuar como confederaciones que enlazan barones y baronesas electorales para conseguir mayorías, y además obtener del Estado un significativo reembolso por los votos. Por eso priorizan dar el aval a caciques y gamonales electorales con capacidad de amarrar votos, a costa de incorporar ineptos, mafiosos y corruptos. La gente, así amarrada y así habituada, vota para mantener esos aparatos de poder local, que están lejos de cualquier compromiso con principios, si acaso los hay, en los partidos que les avalan.

Barones y baronesas electorales, avalados, tienen en estas elecciones dos motivaciones para activar sus maquinarias. Primero, si ganan, van a manejar los únicos recursos grandes de tiempos de escasez: los dineros de la paz; y los dedicarán a fortalecer sus aparatos locales y, como apéndice, para empujar los acuerdos de paz; o los reorientarán en otra dirección si sus alianzas políticas lo requieren. Segundo, aprovecharán para agrandar sus caudas de votantes amarrados, y negociar con ellos en las elecciones presidenciales del 2018. Por eso los comicios de octubre son también “primarias” colombianas.

Por fuera de los votantes amarrados queda una minoría que reconoce la legitimidad de la política y vota responsablemente; y una mayoría abstencionista indiferente, moralista o radical. Así son las elecciones en Colombia, con las mismas deficiencias de la democracia en todas partes, solo que aquí esas deficiencias se agravan con el narcotráfico, la violencia y un altísimo grado de corrupción que dispara la codicia por el poder público.

Uno podría aceptar que las elecciones son así, con realismo político, y someterse al juego de los avalados. Pero en este momento no es posible. Ahora es responsabilidad de cada uno de nosotros escoger a mujeres y hombres libres, inteligentes, incorruptibles, audaces, que tengan formación y carácter para transformaciones de fondo. Por eso van algunas orientaciones éticas para votar en esta coyuntura:

Se debe votar. Y si no se ve por quién, hacerlo en blanco. Votar con la máxima responsabilidad, en la actitud de poner la propia persona en la causa que es más grande que nosotros mismos: Colombia. Votar con toda libertad frente a todos los grupos, caciques y partidos. No precipitar la decisión personal hasta no tener respuesta a todas las inquietudes válidas.

Buscar la mayor información posible sobre los candidatos, su procedencia, formación, capacidad de gobernar, y de manera especial sus relaciones con personas valiosas o sus alianzas o subordinaciones a injustos, mafiosos o corruptos.

Proteger la autonomía frente a las presiones; y por eso, en el campo y los barrios, aceptar almuerzos, bultos de cemento y otros regalos de campañas, pero no comprometer el voto, porque nadie puede obligarlo a usted a darle el voto, aunque le regale el mundo.

Finalmente, proteger el secreto del voto. Sobre todo en los lugares donde hay presión intimidante y violenta. Basta con que usted sepa por quién voto; es la expresión soberana de su dignidad ciudadana.